Fútbol, esa región donde la homosexualidad sigue prohibida

Los valores tradicionales del fútbol no se descoloran: quien se desvía de la norma es refrendado con la minimización, la quietud o el escarnio. El libro “Cuerpos que (no) importan”, del ex futbolista y escritor Rafael Crocinelli, disecciona este fenómeno. La homosexualidad fue una práctica prohibida en el transcurso del fútbol mundial. Argentina no está absuelta del mundo real. Ningún jugador de fútbol masculino experto – en acción mostró abiertamente su homosexualidad.

Según la FIFA, nuestro país ocupa el tercer lugar a nivel mundial con el mayor número de equipos de fútbol: 103. Cada equipo tiene un promedio de 30 jugadores, lo que da un total de alrededor de 300.000 jugadores que participan en las fundaciones. Deportes para jugar al fútbol.

El principal jugador argentino que habló sobre su homosexualidad fue Nicolás Fernández, arquero del General Belgrano de La Pampa, en la quinta categoría de fútbol, ​​quien publicó en su Facebook: “Estoy feliz. Por la gente que lo recibe. Además, Lo siento quien no. Una orientación no decide nada y mucho menos discute mi identidad personalmente. Estoy enamorado y, de hecho, con una persona del mismo sexo.

En el ámbito de los “chicos”, parece ser demasiado difícil siquiera pensar en romper con los prejuicios. De hecho, el fútbol fue una formación moldeada generalmente por hombres, quienes establecieron determinadas cualidades, representaciones, imágenes y convicciones.

La AFA no propuso ningún arreglo que multe o castigue a los jugadores con forma de comportamiento homofóbico. Tampoco hay planes que apunten a enseñar a los clubes sobre variedad, consideración y respeto sexual. En esta circunstancia específica, las pautas y el entrenamiento podrían ser los dispositivos para separar los intocables de la homosexualidad en el fútbol argentino.

Una de esas cualidades -y una de las más significativas- es la de la heterosexualidad. Quien se desvía de la norma se endosa con demora, quietud, humor, risitas. Esta es la particularidad de la genuina masculinidad contemporánea, convirtiendo la homofobia en una peculiaridad que se muestra “regular”, siendo el fútbol (y su conjunto de experiencias) uno de los espacios sociales que nos permite comprobarlo.

Así, numerosos jugadores aguantan hasta el retiro deportivo para tener la opción de “dejar salir la verdad sin adulterar”. Un modelo es el delantero inglés, con un hechizo en Norwich y Nottingham Forest, Justin Fashanu, el primer futbolista de aspecto más oscuro en ser movido por 1.000.000 de libras en la historia inglesa en 1981, y el primer jugador de clase mundial en reconocer abiertamente su dirección gay en 1990. Tras esta articulación, el jugador fue expulsado de su grupo y eso suena a principio, de verdad. Después de ocho años, después de ser víctima de constantes afrentas y segregación, terminó con todo. Como acto dedicatorio, febrero no está grabado como fecha en la que se conmemora el Día Internacional contra la Homofobia en el Fútbol.

El segundo caso del que se tiene constancia es el del alemán Thomas Hitzlsperger, que invirtió energías con el conjunto público germano y conjuntos como el Stuttgart o el Everton inglés, optó por compartir abiertamente su orientación sexual tras su retiro como experto. Así, aguantó hasta 2014 (renunció en 2013) para tener la opción de hablar de su homosexualidad a los 31 años.

Cabe preguntarse por qué la sexualidad ha tenido una carga tan dominante en el círculo social como para condicionar de tal manera incluso a los competidores. ¿Por qué se adelantan valores relacionados con la homofobia del modo de vida del “campo” – de la “perseverancia”? ¿Cómo influye realmente la cultura en el deporte de esa manera?

Una de las respuestas que enseguida se ilustra, para legitimar demostraciones de disparates, como de vicios, es que el universo del fútbol es “entusiasta”. En la actualidad lo es, donde uno de los sentimientos que más aborda es el de no soportar la homofobia.

La homosexualidad: un tema ilegal
Las actuaciones de los futbolistas de todos los tiempos confirman la heterosexualidad como un estándar agregado, ante la propagación de marcas de vergüenza relacionadas con prácticas específicas, como la consideración por el estilo y la mirada profunda, donde se promueve una masculinidad relacionada con la “bondad”. en otras palabras, una masculinidad desarrollada a través de la obstrucción real y la “perseverancia” deportiva. En este sentido, el escenario privilegiado para percibir cómo funciona esta serie de prácticas e implicaciones está en el espacio de almacenamiento: el espacio sexualizado, que permite indagar en los órdenes jerárquicos y formas de transmisión entre futbolistas.

Hasta el momento, la AFA no ha planteado ninguna estrategia que multe o castigue a los jugadores con conducta homofóbica. Tampoco hay planes que apunten a instruir a los clubes sobre variedad, consideración y respeto sexual. En esta situación específica, las pautas y la escolarización podrían ser los dispositivos para separar los intocables de la homosexualidad en el fútbol argentino. Hacer notar estos problemas y examinar el marco de legitimación actual es un primer (y extraordinario) paso.

Tampoco se pueden considerar planes de actividades importantes en todo el mundo. Una de las realidades que se salvaguarda es la creada en el fútbol inglés, donde la Premier League presenta de manera constante “Rainbow Laces”, una misión que arrancó en 2013 y que espera sacar a la luz temas y apoyo a jugadores y hinchas lesbianas, gays. . , sexualmente abierto y transexual, en el que todos los competidores lucen botines con bandas y tiras de comandante en los tonos del “arcoíris” que abordan el orgullo gay. Luego se aplicó una configuración similar a las pancartas en los tiros de esquina.

El delantero británico Justin Fashanu fue el primer jugador de clase mundial en reconocer abiertamente su dirección gay en 1990. Después de esta declaración, el jugador fue eliminado de su grupo. Después de ocho años, tras ser víctima de continuas afrentas y segregación, acabó con todo.

Sin embargo, los actores no se alejan de este tema y abordan la sexualidad como un espacio político. A nivel mundial, se puede referir a la instancia del delantero francés Olivier Giroud, un individual del grupo público francés campeón en 2018 y que ha jugado en algunos conjuntos europeos, quien en un encuentro con la revista ‘Le Figaro’ (2018 ), pronunció: “Es difícil proclamar la homosexualidad en el fútbol. En un espacio de almacenamiento, hay mucha testosterona, todos estamos juntos, lluvias agregadas. Está embrollado, como sea que sea así (… ) Comprendo la molestia y el problema que necesitan los competidores competentes para dejar salir la verdad sin adulterar ” .

Otro caso es el del futbolista surgido en Vélez, Matías “Mono” Vargas, quien en un encuentro con la entrada de Infobae (2019) reflexionó: “tarde o temprano alguien que sea gay producirá la enorme batalla. La verdad es que no tuve un cómplice gay, pero confío en que se pueda romper el no para aquellas personas que están reprimidas y tal vez no puedan ser felices en sus vidas. Solo eso, que puedan ser felices, que aprecian y lo ideal es que muy bien se rompa”.

Por fin, las fascinantes explicaciones de Ariel “Chino” Garcé, exjugador que jugó en River, Colón de Santa Fe y el conjunto público argentino, pueden ser citadas en la versión computarizada del diario La Nación (2020) cuando resuelve este tema: “¿Por qué no hay gente gay en el fútbol? ¿Hay en todas las áreas, y no en el fútbol? ¿Qué tal si vamos! De hecho hay, pero no se dice porque no es t útil, con el argumento de que el clima te marca y ya no juegas. El ambiente expresa que para jugar al fútbol hay que ser macho, hay que ser bicho. ‘Éste lo caga todo, no te lo puedes poner’. en’. Estado hecho de hecho. Todos los futbolistas están preocupados, ¿cuál es el problema de que se sepa? Asumiendo que eres gay, o consientes en estar preocupado, pierdes dinero, pierdes gloria, no te probarán, Cantaremos para ustedes en todas las arenas. Socialmente andamos mal y las cosas de gelatina futbolística de hace mucho tiempo”, expresó.

La variedad sexual fue un punto restringido durante mucho tiempo en el fútbol, ​​a pesar de que a medida que cambia la sociedad, también lo hace el deporte. Ha llegado el momento de empezar un partido para cambiar la historia. Es fundamental que el fútbol, ​​como uno de los juegos con más cooperación del planeta, lleve a cabo un camino alternativo en cuanto a admiración, consideración y diversidad sexual, para llegar a un día en el que la sexualidad de un competidor no sea noticia.

Jacobo Briones

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