El G20 es otra víctima de Putin

La Rusia de Vladimir Putin, con su invasión militar a partir del 24 de febrero, provocó una terrible ola de destrucción humana y material en Ucrania. Además, los choques económicos provocados por los mercados mundiales, con nuevas alzas en los precios energéticos y agrícolas que también estamos experimentando en nuestro país, y nuevas disrupciones en las cadenas productivas. Todos los impactos que soportan Europa y, aún más dramáticamente, algunos países africanos y asiáticos.

Sin embargo, la desintegración de Moscú provocada por la guerra ahora también se transmite a las instituciones internacionales. Tras las divisiones en el seno de las Naciones Unidas, a las que estamos acostumbrados careciendo de cohesión y agudeza, es en esta hora cuando corre el riesgo de estallar uno de los más importantes foros internacionales contemporáneos: el Grupo de los Veinte, más conocido como el G20. Este grupo nació en 1999 a nivel de ministros de economía y gobernadores de bancos centrales para unir a las principales economías del planeta. En orden alfabético: Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Francia, Alemania, Japón, India, Indonesia, Italia, México, Reino Unido, Rusia, Estados Unidos, Sudáfrica y Turquía, más el Unión Europa.

Se espera que el G20 se reúna en Washington esta semana para coincidir -como es habitual- con la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, pero Estados Unidos ha anunciado que no quiere sentarse en la misma mesa que el G20. Rusia ha rechazado hasta ahora las solicitudes internacionales para poner fin a las hostilidades en Ucrania. Es posible que otros países occidentales piensen lo mismo, pero también hay que tener en cuenta que otros estados miembros del G20 (desde China hasta Brasil, por ejemplo) se oponen a cualquier tipo de veto contra Moscú. Así seremos testigos de la paralización del único foro que hasta ahora ha permitido que un grupo de países que representan el 80% del producto interno bruto mundial, el 75% de las exportaciones y el 60% de la población tengan un diálogo regular. Un evento en el que, en los últimos años, se han tratado al más alto nivel institucional temas de trascendencia mundial como el comercio, las finanzas, el clima, la salud y las pandemias. No se puede negar que en algunos casos hemos superado ligeramente el ritual de las “fotos de familia” de todos los líderes, pero tampoco se puede negar que en otros casos ha venido del G20 un impulso fuerte y sin precedentes para la cooperación transfronteriza. Como por ejemplo en 2008-2009, cuando en las dos cumbres del G20 en Washington y Londres (celebradas por primera vez a nivel de jefes de estado y de gobierno), era probable que prevaleciera la presión por un estímulo fiscal y monetario coordinado para la economía. , incluso contra la resistencia de otros países, país más “frugal” (Alemania lidera). O como en 2016, cuando de cara al G20 Estados Unidos y China decidieron ratificar el Acuerdo de París sobre cambio climático. Sin olvidar los compromisos adquiridos para apoyar la campaña mundial de vacunación con motivo del G20 que se celebrará en Roma en 2021 por parte del actual gobierno de Draghi.

Sin embargo, en ausencia de algunas tácticas por parte de la presidencia indonesia del G20, la decisión de Rusia de atacar a otra nación soberana, en un intento de cambiar definitivamente sus connotaciones geopolíticas, podría decidir un aplazamiento -o algo peor- final. . de las operaciones del G20. Hasta el momento, el propio conflicto, como ya se mencionó, ha desencadenado consecuencias que merecen una mayor coordinación global. Por esta razón, además de la posible opción comprensible de no legitimar al presidente ruso Putin y su gobierno de ninguna manera, aún se requerirán esfuerzos adicionales de creatividad diplomática e institucional por parte de Occidente y el resto del mundo. En otras palabras, todo lo que debe hacerse para evitar las ya trágicas pérdidas humanas y económicas provocadas por los conflictos se suma a la sumisión provisional o permanente de espacios dedicados al diálogo y la coordinación global.

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Martín Baca

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